Una ciudad es como una isla.Cuando la fotografiamos, uno se aísla del resto del mundo. Y aunque cada isla es única, Valparaíso es especial, un regalo envenenado que se ofrece a la mirada. Es solar, gráfica y desordenada; una hermosa mujer de cabello revuelto como aquella a la que le cantaba el poeta. Nada de perros, nada de graffitis, era el leitmotiv… ni tampoco mucho pelícano, me habían dicho, ¡los muy cabrones!. No, no tenía plan, ni organización particular. Simplemente quería no perder el tiempo porque diez días pasan volando. El día, la noche, ningún plan: quería simplemente encontrar a Camilo, aquel muchacho de rostro tan especial que había visto desde el auto en mi viaje anterior, en lo alto del cerro La Cruz. Extraño; no se parecía nada al recuerdo que guardaba de él. Me cuentan que es autista: simplemente debe pasar el tiempo en su propia isla. Con su hermano Marcelo se burlaban de mí cuando se me ocurrió la idea descabellada de instalar un estudio fotográfico móvil cerca de la cruz. Nunca vino nadie. El viento y después, el resto… el fondo se voló y los dos hermanos inventaron un juego en el crepúsculo. Momento de gracia intercalado por sus pequeños gritos de alegría. El fondo se voló: ¡queda una imagen! Navegar en estas comarcas, en la brisa salada del Pacífico: yo no le pido más a la fotografía. Una ciudad es grande pero nunca tanto. Está el cerro, el puerto, el mercado y la calle que uno recorre sin cesar a grandes pasos, mañana y tarde. Los mismos decorados revisitados una y otra vez, como un desafío ambiguo ante el azar: es así como nacen muchas veces las fotos. Yo me sentí un poco removido por las olas de Valparaíso: tuve mis dudas. Traer a la gente a mi casa a través de una puerta cerrada, entrar en sus casas, no lo sabía bien. Me ahogué en mi desorden íntimo. Por eso, todo me parece llevar la marca de una cierta confusión, como si mi trabajo no estuviese terminado. Y es cierto: aún no ha sido terminado.

 

GILLES FAVIER

TRADUCCIÓN POR PEDRO DONOSO

 

A city is like an island. When we photograph it, it is cut off from the rest of the world. And although each island is unique, Valparaiso is special, a poisoned gift offered up in a glance. It is solar, graphic and messy; a beautiful woman with tangled hair, to whom the poet sang. No dogs, no graffiti, that was the recurring phrase… no dogs, no graffiti, nor too many pelicans, they had told me, the bastards!. No, I had no plan, no particular organization. I simply didn’t want to waste any time, because ten days can fly by. Day, night, no plan: I simply wanted to find Camilo, that kid with the special face who I had seen from the car on my previous trip, on top of Cerro La Cruz. Strange; he seemed nothing like the image I had saved in my mind of him. They tell me he is autistic: he simply passes the time on his own island. He and his brother Marcelo laughed at me when I had the crazy idea to set up a mobile photo studio near the cross. Nobody came. The wind and then, the rest… the base blew away and the two brothers invented a game at dusk. A moment of grace interspersed with their little squeals of joy. The base blew away: one image remains! Sailing these shores in the salty Pacific breeze: I ask nothing more of photography… A city is big but only so big. It has the hill, the port, the market and the never-ending streets traversed morning, noon and night. The same decorated street visited over and over again, like an ambiguous challenge left to change: this is how photos are often created. I felt a bit stirred up by the waves of Valparaiso: I had my doubts. To bring people to my house through a closed door, to go into their homes, I wasn’t sure. I choked on my inner mess. This is why everything seemed marked by a certain confusion, like my work was never done. And it is true: it still remains unfinished.

 

TRANSLATION BY Helen Conway

 

Une ville c’est comme une île. On s’isole du reste du monde lorsqu’on la photographie. Chacune d’entre elles est unique mais Valparaiso est spéciale, un cadeau empoisonné offert au regard. Elle est solaire, graphique et brouillonne, une belle femme décoiffée semblable à celle chantée par le poète. Pas de chiens, pas de grafs, c’était le leitmotiv… pas de chiens, pas de grafs, et pas beaucoup de pélicans m’avaient – ils dit, les salauds! Je n’avais pas de plan ni d’organisation particulière ici. Je voulais simplement ne pas perdre de temps car dix jours cela passe si vite. Le jour, la nuit, je n’avais pas de plan, je voulais simplement retrouver Camilo ce garçon au visage si singulier entrevu depuis la voiture lors de mon précédent voyage, là haut sur le Cerro de la Cruz. Bizarrement, Il ne ressemblait pas du tout au souvenir que j’avais de lui. On me dit qu’il est autiste: il doit simplement être sur son île à lui… Il s’est bien moqué de moi avec son frère Marcelo lorsque l’idée saugrenue d’installer un studio photo bancal près de la croix m’est venue. Personne n’est venu. Le vent, et puis le reste… Le fond s’est envolé et les deux frères se sont inventé un jeu dansant dans le couchant. Moment de grâce entrecoupé de leurs petits cris de joie. Le fond s’est envolé, reste une image! Naviguer dans ces contrées là, dans la brise salée du pacifique, je ne demande rien de plus à la photographie… Une ville c’est grand mais pas tant que cela. Il y a les collines, le port, le marché, et la rue qu’on arpente sans cesse matin et soir. Les mêmes décors revisités encore et encore, comme un défi ambigu au hasard, c’est ainsi que naissent parfois les photographies. Je me suis senti un peu balloté par les vagues à Valparaiso: hésitant. Amener les gens chez moi pour un huis clos, aller chez eux, je ne savais pas vraiment… Je me suis noyé dans mon désordre intime. Alors tout me semble porter la marque d’une certaine confusion comme si mon travail n’était pas terminé. Et il n’est certes pas terminé.

 

GILLES FAVIER

Una ciudad es como una isla.Cuando la fotografiamos, uno se aísla del resto del mundo. Y aunque cada isla es única, Valparaíso es especial, un regalo envenenado que se ofrece a la mirada. Es solar, gráfica y desordenada; una hermosa mujer de cabello revuelto como aquella a la que le cantaba el poeta. Nada de perros, nada de graffitis, era el leitmotiv… ni tampoco mucho pelícano, me habían dicho, ¡los muy cabrones!. No, no tenía plan, ni organización particular. Simplemente quería no perder el tiempo porque diez días pasan volando. El día, la noche, ningún plan: quería simplemente encontrar a Camilo, aquel muchacho de rostro tan especial que había visto desde el auto en mi viaje anterior, en lo alto del cerro La Cruz. Extraño; no se parecía nada al recuerdo que guardaba de él. Me cuentan que es autista: simplemente debe pasar el tiempo en su propia isla. Con su hermano Marcelo se burlaban de mí cuando se me ocurrió la idea descabellada de instalar un estudio fotográfico móvil cerca de la cruz. Nunca vino nadie. El viento y después, el resto… el fondo se voló y los dos hermanos inventaron un juego en el crepúsculo. Momento de gracia intercalado por sus pequeños gritos de alegría. El fondo se voló: ¡queda una imagen! Navegar en estas comarcas, en la brisa salada del Pacífico: yo no le pido más a la fotografía. Una ciudad es grande pero nunca tanto. Está el cerro, el puerto, el mercado y la calle que uno recorre sin cesar a grandes pasos, mañana y tarde. Los mismos decorados revisitados una y otra vez, como un desafío ambiguo ante el azar: es así como nacen muchas veces las fotos. Yo me sentí un poco removido por las olas de Valparaíso: tuve mis dudas. Traer a la gente a mi casa a través de una puerta cerrada, entrar en sus casas, no lo sabía bien. Me ahogué en mi desorden íntimo. Por eso, todo me parece llevar la marca de una cierta confusión, como si mi trabajo no estuviese terminado. Y es cierto: aún no ha sido terminado.

 

GILLES FAVIER

TRADUCCIÓN POR PEDRO DONOSO

 

A city is like an island. When we photograph it, it is cut off from the rest of the world. And although each island is unique, Valparaiso is special, a poisoned gift offered up in a glance. It is solar, graphic and messy; a beautiful woman with tangled hair, to whom the poet sang. No dogs, no graffiti, that was the recurring phrase… no dogs, no graffiti, nor too many pelicans, they had told me, the bastards!. No, I had no plan, no particular organization. I simply didn’t want to waste any time, because ten days can fly by. Day, night, no plan: I simply wanted to find Camilo, that kid with the special face who I had seen from the car on my previous trip, on top of Cerro La Cruz. Strange; he seemed nothing like the image I had saved in my mind of him. They tell me he is autistic: he simply passes the time on his own island. He and his brother Marcelo laughed at me when I had the crazy idea to set up a mobile photo studio near the cross. Nobody came. The wind and then, the rest… the base blew away and the two brothers invented a game at dusk. A moment of grace interspersed with their little squeals of joy. The base blew away: one image remains! Sailing these shores in the salty Pacific breeze: I ask nothing more of photography… A city is big but only so big. It has the hill, the port, the market and the never-ending streets traversed morning, noon and night. The same decorated street visited over and over again, like an ambiguous challenge left to change: this is how photos are often created. I felt a bit stirred up by the waves of Valparaiso: I had my doubts. To bring people to my house through a closed door, to go into their homes, I wasn’t sure. I choked on my inner mess. This is why everything seemed marked by a certain confusion, like my work was never done. And it is true: it still remains unfinished.

 

TRANSLATION BY Helen Conway

 

Une ville c’est comme une île. On s’isole du reste du monde lorsqu’on la photographie. Chacune d’entre elles est unique mais Valparaiso est spéciale, un cadeau empoisonné offert au regard. Elle est solaire, graphique et brouillonne, une belle femme décoiffée semblable à celle chantée par le poète. Pas de chiens, pas de grafs, c’était le leitmotiv… pas de chiens, pas de grafs, et pas beaucoup de pélicans m’avaient – ils dit, les salauds! Je n’avais pas de plan ni d’organisation particulière ici. Je voulais simplement ne pas perdre de temps car dix jours cela passe si vite. Le jour, la nuit, je n’avais pas de plan, je voulais simplement retrouver Camilo ce garçon au visage si singulier entrevu depuis la voiture lors de mon précédent voyage, là haut sur le Cerro de la Cruz. Bizarrement, Il ne ressemblait pas du tout au souvenir que j’avais de lui. On me dit qu’il est autiste: il doit simplement être sur son île à lui… Il s’est bien moqué de moi avec son frère Marcelo lorsque l’idée saugrenue d’installer un studio photo bancal près de la croix m’est venue. Personne n’est venu. Le vent, et puis le reste… Le fond s’est envolé et les deux frères se sont inventé un jeu dansant dans le couchant. Moment de grâce entrecoupé de leurs petits cris de joie. Le fond s’est envolé, reste une image! Naviguer dans ces contrées là, dans la brise salée du pacifique, je ne demande rien de plus à la photographie… Une ville c’est grand mais pas tant que cela. Il y a les collines, le port, le marché, et la rue qu’on arpente sans cesse matin et soir. Les mêmes décors revisités encore et encore, comme un défi ambigu au hasard, c’est ainsi que naissent parfois les photographies. Je me suis senti un peu balloté par les vagues à Valparaiso: hésitant. Amener les gens chez moi pour un huis clos, aller chez eux, je ne savais pas vraiment… Je me suis noyé dans mon désordre intime. Alors tout me semble porter la marque d’une certaine confusion comme si mon travail n’était pas terminé. Et il n’est certes pas terminé.

 

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